Antonio T.
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Dr. Servera, nunca más. Juro que nunca más, aunque sea el último dermatólogo del planeta. Una de las experiencias más desagradables de mi vida.
He ido tres veces a la Clínica Messalut, al consultorio del dermatólogo Dr. Servera. En la primera ocasión me atendieron una hora más tarde de la cita que teníamos concertada. Pensé que habrían tenido algún problema y que habían acumulado retrasos. Entendí que cosas así pueden pasar y esperé con paciencia mi turno hasta que me atendieron. En esa ocasión el doctor me quitó con nitrógeno una mancha de pigmentación en la cara.
En la segunda ocasión ocurrió lo mismo. Una hora de espera y, cuando al fin entré, para hacer ver al doctor que la mancha había vuelto a aparecer tras algunas semanas, me dijo que pidiera otra cita y que lo intentaría con láser. Es decir: me cobró una consulta solo para decirme que volviese otro día porque no tenía tiempo.
Al tercer día, sabiendo ya que los retrasos son una costumbre habitual en esa clínica, quise prevenir una pérdida de tiempo así que llamé por teléfono media hora antes de la hora concertada para saber cuánto retraso había acumulado. Me dijeron que ninguno, que me diese prisa porque solo había un cliente antes que yo.
Llegué y volví a preguntar en recepción y me dijeron que iban muy bien y sin retraso, que solo había un cliente antes que yo. Durante la hora que siguió, mientras esperaba, vi entrar a la consulta del Dr. Servera a cuatro pacientes. Es decir, me mintieron dos veces: la primera al teléfono y la segunda en la recepción. Antes de que entrase el último, le pregunté a qué hora tenía la cita y resultó ser media hora antes que la mía, es decir, había un retraso acumulado de una hora y cuarto, el tiempo que llevaban esperando.
Me levanté cansado de esperar y fui a pedir explicaciones en recepción. Puedo comprender que haya retrasos, y no me importaba nada acudir dos horas más tarde si me lo hubiesen dicho por teléfono, pero es inconcebible que me mientan dos veces; la primera por teléfono y la otra en recepción a mi llegada. Me contestaron: “es que a veces hay urgencias”. ¿En serio? ¿En una clínica privada de dermatología? ¿Cuatro urgencias en media hora para quitarse verrugas a vida o muerte? ¿Me toman el pelo?
Tuve la sensación de que me tomaron por estúpido y que ni siquiera se molestaron en ocultarlo.
No tengo ningún juicio formado sobre las competencias profesionales del Dr. Servera ni tengo ganas de comprobarlo. El tratamiento que me hizo no funcionó y no tuve ocasión de pedirle que lo subsanase, pero hay una cosa segura: el desprecio hacia el tiempo de los clientes es absoluto.
La sensación que me queda es que están dispuestos a sacrificar la corrección en el trato al cliente con tal multiplicar los ingresos, y que por el camino hacia el enriquecimiento rápido han dejado hasta el último vestigio de profesionalidad.
Conclusión: fui a que me quitasen una mancha de pigmentación en la cara. Perdí en tres ocasiones tres horas más otras tres en desplazamientos. En total seis. Han intentado tomarme el pelo con argumentos que no se sostienen, sigo con la mancha en la cara y he perdido el dinero de un tratamiento que no ha funcionado.
Y hasta ahora nadie se ha dignado a llamarme para darme explicaciones.